El espejismo de la vanidad
El optimismo desbordado por ganar después de 44 años en Estados Unidos tapa un grisáceo año para la Selección Nacional Mexicana. Reaparecen en febrero para jugar un amistoso y ya en marzo volverán al Hexagonal contra Costa Rica en casa y contra Trinidad y Tobago en el Caribe, tiempo suficiente para que en el interior recapaciten que no han avanzado absolutamente nada, que siguen mostrando una alarmante inconsistencia y que las rotaciones solamente confunden a futbolistas. Que los pretextos nos sean hereditarios y hablar frontalmente y reconocer que salir a no ganar en Panamá debería ser una vergüenza, a no jugar a nada, también.
Sí, sumar 4 puntos en dos partidos de visitante es un balance positivo y envidiado por exentrenadores nacionales, pero las formas deben ser elementales y respetadas. No es agradable ver a un equipo que se supondría debe ser el que marque la hegemonía en la zona, haciendo recordar al concepto de Manuel Seyde: los ‘ratones verdes’. Así no, porque simplemente vendrá otra triste realidad, como en Santa Clara, cuando enfrente tengan un rival de capacidad y alto nivel.
El objetivo primordial del futbol mexicano es el quinto partido en un Mundial, pero están olvidando algo alarmante, triste y que ha representado la gran piedra en el zapato de la Selección Nacional: Centroamérica. Dejemos la fase previa de las eliminatorias, esos partidos en un cuadrangular que siempre los pasan sin dificultades y centremos la vista al Hexagonal Final y es donde los focos rojos deben estar encendidos en los directivos del futbol nacional. Desde que existe el Hexagonal han disputado 14 partidos y solamente han ganado 4. No es momento que ¿antes de exigir un quinto partido en la Copa del Mundo, se exija ir a ganar a cualquier cancha de la zona con estilo, presencia, personalidad y, claro, sin miedo?
Insisto que la herencia de pretextos es brutal, nunca es el nivel de juego ni los sistemas aplicados en el campo los que fallan, ni los futbolistas ni el entrenador, siempre son las canchas en mal estado, los árbitros, el ambiente hostil, bla, bla, bla, bla.
Para un verdadero renacer es necesario reconocer. Si el entrenador nacional permitió que un motivador sea parte de su cuerpo técnico, también que se permita admitir la realidad y no a quienes lo critican les quite la mirada, les conteste de mala gana o simplemente los trate de envolver en conceptos demagogos y hasta mentirosos.
Ni los directivos ni los jugadores ni el cuerpo técnico están en sus puestos para ‘callar bocas’ como comúnmente se dice cuando la critica viene por evidencias notables en el campo de juego. Existe mucha confusión y en la mayoría de los casos creen que el periodismo es el enemigo cuando el verdadero problema está en su interior. Ni los medios juegan al futbol ni los entrenadores, jugadores y directivos hacen periodismo, así que empezamos a darnos cuenta y dejemos que unos y otros hagan su trabajo. Criticable es uno como el otro, siempre, por lo menos en este diario y en los espacios de televisión en donde trabajo, hay derecho de replica.
El balance del 2016 debe contemplar todo lo disputado y para calificar el desempeño sería de mal a regular, no debemos quedarnos solamente con la estampa de Columbus, el 0-7 fue real, fue este año y sigue doliendo y afectando mucho.