El repatriado…
Lo conocí en el atardecer de un domingo, hace casi 30 años, en alguno de esos inmensos y oscuros estudios del Ajusco. Entre las cámaras, el ‘floor manager’, las maquillistas y los murmullos de aquellos que detrás de los reflectores trabajábamos para que un programa llamado DeporTV saliera al aire.
Era un niño, casi un adolescente. Venía casi siempre acompañado por su hermano, Juan Pablo, que era un poco más hiperactivo y menos serio. Tenía ya, desde aquellos días, la mirada del padre: penetrante, poderosa, inmaculada, fría a veces, pero también tenía lo suyo: una calidez, una nobleza, una sonrisa, un corazón y una mente que parecía revolucionada, que era capaz de avanzar en el siguiente nivel de aquellos que le seguíamos en la plática por más informal y trivial que fuese. Desde aquella tarde, yo sabía y entendía que la ‘gran obra’ del maestro de la televisión y del periodismo no salía al aire los domingos a la seis de la tarde. La gran obra del ‘Maestro’ estaba ahí, en este chico, educado bajo la tutela de la vieja usanza española, rígida, a veces anticuada, pero siempre honorable y decente. La gran obra del maestro tenía nombre: José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo.
Tan largo su nombre como su entrega al estudio, a la preparación y a la búsqueda de un cambio en la materia en la cual se enfocaba. José trabajo inalcanzablemente en aquellos años de la naciente Televisión Azteca. Ayudó, junto a otros nombres como el de André Marín, Cristian Martinoli, Enrique Garay, Pepe Espinosa, Luis García, David Medrano, Emilio Fernando Alonso, Rafael Puente, Leopoldo Díaz de León, Eder Velázquez, Luis Manuel López, Armando Martínez, Aline Arnot, Ernesto García, Antonio Rosique, Gilberto Palafox, José Manuel Nieto, Leopoldo de la Rosa, Barak Fever, Arturo Sepúlveda y muchos más que hoy se pierden en mi memoria, a forjar un estilo y una condición en la televisión y el periodismo deportivo mexicano. Éramos un equipo y José, enseguida, formó parte de él, con ideas frescas, renovadas y atrevidas. El final de esa historia prefiero ahorrármelo. No vale la pena. Lo único que debe quedar claro es que a partir de ahí conocimos un hombre bueno, sumamente inteligente, honrado, honesto con él y sus compañeros y que podría aportar invaluablemente al periodismo o al futbol. Lo que para muchos era una ventaja, para él era una clara desventaja: era el hijo de José Ramón Fernández. Debía luchar contra ello por el resto de su vida.
Tras ‘la caída’ de José Ramón en Azteca, suena a película de Hollywood y más o menos fue así, José tomó sus cosas y se fue a España. Ahí, desde el exilio y en un pequeño departamento en Madrid, siguió estudiando, consiguió trabajo, como un ‘don nadie’, hijo de ‘nadie’ y sin la aparente protección y también la envidia que recibía en México. Es licenciando en administración de empresas por la Universidad Iberoamericana. Tiene una maestría en Periodismo y comunicación digital por la Universidad de Navarra. Tiene otra maestría en la Universidad de Barcelona en Dirección comercial y marketing, un diplomado del ITAM en negocios y otro más del Tecnológico de Monterrey en publicidad.
Trabajó en mercadotecnia, en ventas y enseguida asombró a los españoles, donde llegó a ser director de publicidad de Canal Plus, colaborando directamente en temas de la prestigiosa y famosa Liga española de futbol.
José y su encantadora esposa, Tatiana, ha vuelto a México y lo ha hecho a través del grupo más inteligente que hay en el futbol mexicano: El Grupo Pachuca. Lo ha hecho por iniciativa de Jesús Martínez, uno de los más grandes visionarios en la historia moderna de nuestro futbol y un hombre que sabe reconocer donde hay una persona capaz, inteligente y honrada. Todo ello, ha encontrado en José para ofrecerle un puesto en el León, junto a su hijo, Jesús Martínez Jr., que, sea dicho de paso, ha hecho un trabajo impecable desde el regreso de la franquicia a la Primera División.
Lo único que me queda es felicitar al León, al Grupo Pachuca, a Jesús padre y a Jesús hijo. Han repatriado y han logrado hacerse de un hombre que tiene muchas cualidades, la mayor de ellas: su nobleza. José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo puede aportarle grandes beneficios, no sólo al León como club, también al futbol mexicano, a su desarrollo, a su crecimiento, a su posibilidad de dar el siguiente paso y transformarse en el futbol que todos queremos y soñamos.
Bienvenido a casa, José, bienvenido de vuelta. Te extrañábamos.