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Hechizo

Columna Luis García 20-09-2016

1. Jonathan Rodríguez

Cada ocasión que te observo jugar en vivo a la pelota me seducen tus maneras, eres una extraña y moderna versión de llanero solitario que se rebusca la vida, pero que encuentra con envidiable facilidad soluciones cuando en el horizonte aparecen sombríos escenarios. Tu equipo, Santos, pasa por un amargo momento que se ha alargado más de lo comprensible, pero dentro de este ácido espectro tú eres de los que más y mejor te rebelas. Te has logrado abstraer de las sordas atmósferas para exhibir tus mejores dotes, incluso da la impresión que disfrutas en transitar contracorriente. Eres un futbolista que juega a extrema velocidad, incluso pienso que si logras intercalar esta gran condición con un poco de pausa vas a maximizar tus capacidades.

Soy de los que cree que no se puede ni se debe jugar siempre a mil por hora, que la cadencia bien utilizada funciona y mucho. Santos es una entidad que cuenta con una sublime inteligencia deportiva, normalmente ‘scoutea’ y localiza talentos en mercados en donde otros clubes mexicanos no atinan ni siquiera a acercarse. Tú eres otro de los múltiples y perfectos ejemplos de lo anterior, el seguimiento que le hacen a jugadores que van a encajar en la institución es admirable. Ya que no solamente es rastrear el talento, es analizarlo profundamente para que tenga las debidas aptitudes deportivas y humanas de adaptarse al perfil de la organización, y tú lo has conseguido en un escaso lapso de tiempo. En la primera parte de este texto hablaba de ti como un luminoso llanero solitario, y esto es debido a que observo que a tu alrededor y en tu zona de influencia cuentas con notables individualidades y compañeros. Los nombres y apellidos de hombres como Fredy Hinestroza, Mauricio Cuero, Djaniny Tavares y Bryan Rabello me lo ratifican. Pero el problema es que hasta ahora han funcionado como una desafinada orquesta, ilustres intérpretes que se les percibe incomunicados, fungen como aislados entes que les duele conectar, cada uno intenta resolver los galimatías que se les presentan apartados el uno del otro, les falta tenderse puentes entre sus virtudes. Aunque debo reconocer que por otro lado tus poderosas arrancadas en solitario son sencillamente excelsas, tu primera anotación ante Pumas así lo confirma. Cuando lograste quedar uno contra uno ante Darío Verón en campo abierto muchos intuíamos triunfarías, tu voraz cambio de dirección y de velocidad dentro del área, así como la fiereza como le pegaste al balón sin levantar un ápice la vista para ubicar portería o portero rival nos exhibe que sabes manejarte muy bien sin tanta ayuda.

Eres un hombre de apenas 23 años, que ya cuentas con algún bagaje internacional, nada para escribir a casa ni lanzar cohetes tampoco, estuviste en el Benfica y en el Deportivo La Coruña sin mayores relumbrones. También con la tozuda selección uruguaya ya tuviste alguna que otra participación, ya reventaste un arco oponente con tan honorable playera, fue a Omán por allá del 2014, sin duda estos pequeños escarceos fuera de tu terruño te otorgaron envergadura. El que hayas llegado a Santos fue un grato salvoconducto para ti, su plataforma deportiva está bien sustentada, es una entidad vanguardista, visionaria y universal. Es cierto, dejaron de apostar por gestores de recursos humanos fuera de los ya sumamente gastados en el medio mexicano de los entrenadores, como los casos de ustedes Pedro Caixinha, Paco Ayestarán o Luis Zubeldía. Decidieron refugiarse en un director técnico como tú, José Manuel de la Torre, quien eres alguien menos novedoso, predecible y que gusta de la estabilidad sobre cualquier otro tópico, pero esto no significa que la audaz y revolucionada ideología santista esté puesta a juicio, al revés, está bien fincada y no es negociable.

Tú, Jonathan, me pareces una grandiosa contratación, de esas que se perfilan con paso firme y expedito por el camino del bien. No eres un futbolista que pase desapercibido, si bien tus cinco pirulos en la incipiente campaña empiezan a conseguir que las pesadas miradas se postren sobre tu espalda y pasos, lo valioso de tu aportación va más allá del gol, eres un revulsivo que solventa asuntos sin mucha cooperación ni socios. Y hoy, tu equipo para abandonar el pantano en donde llevan atascados más tiempo de lo normal necesita de personajes así. Eres otro de los impolutos mensajeros de la majestuosidad de Santos para elegir con impecable precisión joven y brillante recurso humano foráneo que posteriormente moldea, provee de mejores armas y argumentos, y luego termina vendiendo en cifras que asustan, cobrando muy bien el ser por mucho, uno de los mejores operarios de talento extranjero.