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Heroicidades

Columna Luis García 10-03-2017

Penetración. Llevo casi 17 años en los medios de comunicación; prácticamente los mismos que jugué como futbolista profesional, soy inmensamente feliz en este oficio y un fiel creyente y defensor de la diversidad de opiniones.  

Estoy convencido que disímiles voces y pensamientos nos hacen mejores, si yo puedo opinar por qué carajo el de junto no puede hacerlo, las verdades absolutas no existen y la verdad no le pertenece a nadie. Y basado en lo anterior, reflexiono sobre la épica proeza del Barcelona, de la cual he leído y escuchado un sinfín de discernimientos, muchos en redes sociales, las cuales sirven para mucho y también no sirven para nada.

Estoy ligeramente extrañado, por cierto descontento, debido a la consecución de una de las mejores historias que la pelota nos ha regalado. Después de haber jugado con honorables playeras y la larga odisea en los medios de comunicación han conseguido que mi única meta e intención sea gozar el juego, y cuando surgen epopeyas como las realizadas en Cataluña me emociono sin control.

Para que se enarbolen fascinantes cuentos tienen que suceder varias cosas, debe existir un protagonista bueno, el guapo de la película que desde su habilidad e imaginación rompa paradigmas y destace pronósticos, este rol lo jugó el Barcelona.

Y por obvias razones debe existir el feo de la fábula, el cómplice, y ese fue el PSG, una entidad que ha crecido de la mano de la bonanza económica, que en París tocó la puerta del Castillo del Rey Arturo con la clara idea de sentarse a la mesa, lo dejaron entrar, acercarse a escasos centímetros al dichoso tablón en donde los colosos descansan sus espadas, incluso abrió una de las sillas, insinuó que compartiría el pan y la sal con la élite mundial, y de pronto se dio cuenta que no pertenecía y salieron corriendo despavoridos de un recinto que les quedó grande, muy grande.

Su postura deportiva fue rácana, y fueron castigados de manera inmisericorde, la catástrofe debe costar proyectos y carreras en el seno del club parisino. Lo que me desagrada es que en la conversación aparezca con tanta fiereza el arbitraje, hablar del árbitro como principal elemento de cualquier partido, y mucho más en éste que será recordado por siempre, me produce urticaria.

El árbitro fue, es y será un simple complemento, reconozco su concurso secundario en la novela, pero entenderlo de manera distinta distrae la atención de los verdaderos héroes, los jugadores. Muchas gracias Marco Verratti por gritarle al mundo y hacerte responsable al señalar que perdieron por ustedes y no por culpa del árbitro, siempre en las tormentas existen oasis de claridad, tu voz lo fue.

Así como creo en la necesidad de dar cabida a todas las voces e ideas por más locas que éstas sean, también creo en elevar el debate sobre la pelota, y orillarlo a reductos rupestres como colocar al arbitraje en primer plano no lo comparto.

El futbol fue creado de la mano y mente de Pelé, Maradona, Cruyff, Di Stéfano, Beckenbauer, Ronaldo, Romario, Maier, Rivelino, Kempes, Gento, Pirlo, Eusebio, Robben, Puskas, Ardiles, Kopa, Mijatovic, Xavi, Lahm, Rossi, Tostao, Platini, Dasaev, Zidane, Garrincha, Messi, Tardelli, Cristiano, Müller, Neeskens, Iniesta, Zico, Raúl, Valdano, Butragueño, Baggio, Kroos, Sócrates, Hugo Sánchez y cientos de genios más como para que terminemos compartiendo su contribución al juego con el que juzga el juego.

La proeza que llevaron a cabo los del Barcelona debe ser contada hasta la saciedad, estamos obligados a platicársela a todos a quienes podamos, más a los que no les gusta el futbol, debemos buscar la manera de dejarles alguna referencia incluso a los que no han nacido, cuando se hable de futbol y de revoluciones se acudirá a esa gloriosa noche.

Por encima de cualquier filiación debemos disfrutar lo que pasó, entiendo a los recalcitrantes aficionados contrarios a la escuela de La Masía, pero la ‘neta’ el futbol es el deporte más hermoso del planeta por sucesos como las confeccionados en el Camp Nou.

Así como un día antes en San Paolo lo que tú, Sergio Ramos, hiciste debe ser igualmente contado y presumido hasta el hartazgo, tu natural y frecuente manera de colocarte el disfraz de héroe, vestirte de Superman, surcar los cielos, y solventar hecatombes como si se tratara de una simple suma es digno de que tenga eco en la eternidad como bien decía Russell Crowe en la película ‘El Gladiador’.

No permitamos que la intolerancia, amargura y constante provocación en la que vivimos en nuestro país y mundo nos impida embelesarnos con gestas como las vividas hace días, al revés, elevémoslas hasta el firmamento y más allá.