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La corrupción emocional del futbol mexicano

Columna Velázquez de León 29-12-2016

Paolo Goltz tenía razón. La reclamación a Jorge Isaac Rojas con lágrimas en los ojos después de la bronca entre jugadores de Tigres y América fue con razón, sin el resentimiento que se observa cuando uno miente, como muchos en esa trifulca.

La estupidez de un árbitro la evidencia la Comisión Disciplinaria, que quita de inmediato el castigo al defensa del América porque simplemente no hizo nada, pero el silbante, con esa decisión absurda y llena de corrupción emocional (como extraordinariamente bien bautizó David Medrano en el programa Los Protagonistas de TV Azteca), tiró a la basura la amplia opción de coronarse para el América.

¿Quién repara el daño? Nadie. Así es la Liga MX, con árbitros ineptos que intentan quedar bien con todos, pero no lo hacen con nadie, simplemente porque no tienen autoridad ni personalidad y son títeres disfrazados de jueces, que hacen lo que su amo les dicta en la sala de juntas de la Comisión de Arbitraje.

Así como bien se señaló a Rubens Sambueza como el autor intelectual del fracaso del América, Emilio Azcárraga, con el poderío que tiene en la Federación Mexicana de Futbol, debe exigir árbitros y dirigentes bien preparados, sin amiguismos en la toma de decisiones para designar a los silbantes y con estructuras encaminadas a un funcionamiento correcto. Se pueden equivocar, de eso no hay duda, pero no es válido ver a caricaturas de la autoridad que funcionan como ‘queda bien’ en vez de ejecutar una real justicia.

Si siguen con esos árbitros, demostrarán los dueños de los equipos que les vale tres reverendos pepinos su Liga. Mantener la estructura actual es ser cómplices de la mediocridad y de la inoperancia de sus jueces. Sí, son los dueños quienes deben poner un alto, y así como tienen exitosos empleados en sus empresas —y a quienes no sirven los despiden—, deberían actuar de la misma manera en el futbol, en ese deporte que aunque es de ellos, pertenece al pueblo, los que ven cada jornada que la credibilidad en los árbitros mexicanos es inexistente.

Pronto, más rápido de lo que uno pudiera entender, regresa la Liga, ahora en pleno Día de Reyes. Serán los mismos de siempre, las mismas quejas y la misma corrupción emocional. Entonces que nadie se queje. Si La Volpe habla contra los arbitrajes, que nadie le ejecute un castigo; si Kuri encara a Codesal de nuevo, que tampoco le apliquen castigo.

Si no se atreven a corregir el peor mal del futbol mexicano, entonces que se sigan haciendo de la ‘vista gorda’ y que apliquen el gran y maravilloso lugar común del futbol nacional: ‘el arbitraje mexicano es de los mejores en el mundo’. Saben los dueños que eso es una reverenda mentira y que para acabar con ella, deben tener recursos humanos distintos; los de hoy no sirven para maldita la cosa.

Así termina el 2016 y se encamina un 2017 lleno de interrogantes por la displicencia ejecutiva de la Femexfut, que entrega al exterior la imagen de que no le interesa solucionar grandes males, entre ellos, arbitraje, violencia en los estadios, transferencias a destiempo. Sólo por mencionar algunos.