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La marca imborrable del Mundial

Un evento tan extraordinario como el Mundial deja una marca imborrable en sus participantes. Éxito y fracaso aparentemente sería la dupla a ser vivida, sin embargo, cuando se trata de haber fallado, existen recursos para darle un nuevo sentido a la derrota.

El éxito logrado por Messi y Argentina los deja con una victoria que atesorarán toda la vida. Prácticamente en cualquier lugar en el que se presenten serán reconocidos y celebrados por el entorno. Lograron algo fuera de serie a nivel mundial que les representará un gozo a muy largo plazo.

Messi logra la meta esperada, se corona con lo único que le faltaba como el mejor en la actualidad. Qué bueno que anotó los penales que le correspondieron y que sumó un tanto tan importante en la final. Corona con éxito lo que se esperaba de él.

De igual forma, aquellos que fallaron o no cumplieron con lo que se esperaba de ellos, como por ejemplo en el caso de los franceses Coman y Tchouaméni que fallaron los penales de la final, tendrán que vivir también con el posible rechazo y reclamo de sus comunidades. De hecho, en Francia ya se han desatado actitudes racistas hacia ellos. Además, tendrán efectos que repercutirán en su memoria que, si no son manejados adecuadamente, los atormentarán también por el resto de su vida.

Las experiencias públicas en las que se nos mide frente a otros, siempre dejarán una marca en nuestra persona. Cuando son positivas hay que atesorarlas capitalizando el éxito como tanto lo he hablado en esta columna; generan certeza y dejan una gran satisfacción de lo logrado. Sin embargo, cuando son negativas, hay que manejarlas en nuestro mundo interior. La derrota debemos canalizarla como aprendizaje y es necesario procesarla para no cargarla por el resto de nuestra vida. Debe quedar atrás. No podemos borrarla, pero sí como se dice en el argot psicológico, podemos resignificarla.

La resignificación es la capacidad de otorgar un sentido diferente al pasado a partir de una nueva comprensión en la actualidad, es decir, dar un nuevo sentido al presente, tras una interpretación distinta del pasado. Esto nos permite continuar valorándonos por lo hecho, eliminando lo que nos intoxica y podría generar un estancamiento. Es necesario dejar atrás lo vivido, enfocarse en las nuevas oportunidades y en seguir adelante. Así evitaremos el conocido estrés postraumático de aquellos que no superan una situación y alargan su efecto negativo por tiempo indefinido. Es necesario procesar la situación para darle un nuevo entendimiento que genere otro tipo de emociones acordes a construir un futuro deseado y no a quedar anclados con la derrota. Es construir una situación positiva de una experiencia negativa. Incluso, puede hacerse elaborando la forma en que responderemos a otros, que más que ayudar, se encargarán de recordarnos la situación en la que no pudimos salir vencedores. Es construir un nuevo diálogo, sencillo y práctico que nos rescate, nos permita avanzar y seguir buscando nuevas oportunidades.

Estimados lectores y lectoras, ante nuestros propios Mundiales de la vida, atesoremos el éxito y resignifiquemos las derrotas como aprendizaje, dándoles un nuevo sentido para salir fortalecidos y listos para seguir invirtiendo en nuestro futuro. Evitemos restregar en otros sus errores y más bien, sumémonos en apoyarlos a salir adelante.  Celebremos también el merecido éxito de los demás. En nuestras manos está transformar la realidad con pensamientos diferentes, emociones y resultados positivos.

“Revitalízate, vuelve a la esencia de lo que te da el éxito”.