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La tragedia de San Pablito

Columna de Caballero Leal 24-12-16

La solidaridad, en tragedias de estas dimensiones, sirve para dos cosas: para un carajo y para lo mismo.

La terrible explosión ocurrida en el mercado de pirotecnia de San Pablito, municipio de Tultepec, Estado de México, en el que murieron calcinadas 35 personas y más de 70 resultaron lesionadas, varios de ellos menores de edad con graves quemaduras, es una muestra más de la negligencia y corrupción imperante en nuestro país, inclusive en lugares en los que, por sus características tan peculiares, y en la época del año en donde se efectúan las mayores ventas, las medidas de seguridad deberían ser implacables. Evidentemente no lo fueron en San Pablito.

Toneladas de pólvora, químicos y otros materiales necesarios para la elaboración de pirotecnia de alta calidad eran almacenados en los locales del “mercado más seguro de toda Latinoamérica” a decir del Director del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, encargado de la supervisión de dicho establecimiento, y cuyo presupuesto en 2016 fue ejercido, en un 70%, en gastos no orientados a infraestructura y seguridad de dicho mercado artesanal, no obstante ser éste el motivo principal de su creación.

Bombas de flor, toritos, cohetes, varitas, trabucos, buscapiés, castillos de muro y las famosas palomas eran vendidas por centenares en la Capital de la Pirotecnia, como igualmente se conoce al municipio de Tultepec, en donde cada año, el 8 de marzo, se celebra el concurso más importante de pirotecnia a nivel nacional en honor a San Juan de Dios.

Para dimensionar el alcance de la importancia del mercado de San Pablito, sus locatarios poseen el 40% de los permisos que, a nivel nacional, otorga la Secretaría de la Defensa Nacional para la posesión y procesamiento con fines comerciales de artículos de pirotecnia, a su vez regulados por una anacrónica Ley de Armas de Fuego y Explosivos, que por igual involucra al Presidente de la República y a la Secretaría de Gobernación.

Se trata de una comunidad en donde sus habitantes se dedican exclusivamente a esta actividad artesanal por herencia de generaciones, siendo el mercado que mayoritariamente suministraba fuegos artificiales a compradores de otros estados de la República e inclusive a personas provenientes de otros países.     

Mientras Eruviel se desmarca de la tragedia aduciendo que la posesión y comercialización de pirotecnia proviene de una autorización y supervisión del Gobierno Federal, Peña manda carretadas de solidaridad  y condolencias a los deudos, todos ellos de familias de modestos ingresos, provenientes, en su totalidad, de una actividad que tomará meses poder retomar.

La pérdida de vidas humanas en condiciones tan lamentables siempre será motivo de gran pesar, pero en esta época del año, por alguna razón, parece doler aún más. Me sumo pues a las expresiones de simpatía hacia esta comunidad, a sabiendas de lo poco o nada que contribuyen a aliviar su terrible dolor.