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“¿Liberté, Egalité, Fraternité…?”

Columna José Luis Caballero 13-11-2016

Aprovechando la convulsión provocada por los resultados del proceso electoral de los Estados Unidos, el pasado miércoles 9, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, desechó rápidamente el dictamen de reformas al párrafo (I) de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo texto proponía lo siguiente:

“El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Toda persona mayor de 18 años tiene derecho a contraer matrimonio y no podrá ser discriminada por origen étnico o nacional, género, discapacidades, condición social, condiciones de salud, religión, preferencias sexuales, o cualquier otra que atente contra la dignidad humana.”

En el 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación había ya declarado inconstitucional el contenido de todos aquellos Códigos Civiles de los Estados que establecieran que el “matrimonio es la unión civil entre un hombre y una mujer con fines de procreación”.

Priístas, Verdes y Panistas emitieron 19 votos negativos a la procedencia de la iniciativa de reformas enviada por Peña Nieto el 17 de mayo pasado. Esta decisión supone un grave retroceso en materia de derechos humanos y una flagrante discriminación hacia las personas por razón de sus preferencias sexuales, convirtiéndose además en un atentado contra su dignidad personal. El Estado sanciona la unión civil de personas a través de un contrato solemne, en el que la condición de IGUALDAD de los contrayentes frente a la ley debería ser la única garantía tutelada.

Durante meses nos desgarramos las vestimentas por los comentarios racistas, xenofóbicos y discriminatorios de Donald Trump, cuando en nuestro propio país somos incapaces de reconocer que todas las personas son iguales frente a la ley, sin importar sus creencias o preferencias sexuales. Una reprobable actitud de “candil de la calle, oscuridad en la casa”.

En un país en donde las hojas de los árboles no caen sin la venia presidencial, es difícil creer que una bancada haya actuado en contra de una iniciativa del mandatario sin su previo consentimiento. Acuñándose en Francia durante casi 200 años a partir de 1789 y culminando con la instauración de la Tercera República, los principios idealistas de libertad, igualdad y fraternidad siguen siendo letra muerta para quienes en este país han cometido el ‘pecado’ de tener preferencias sexuales distintas. Una verdadera vergüenza, una derrota más para México.