Lindsey Vonn: nunca dejar de intentarlo
“La vida es demasiado corta para no intentarlo. El único fracaso en esta vida es no hacerlo.” Con esa frase —un grito de valentía y de amor por lo que hace— Lindsey Vonn resumió su filosofía de vida días después de una de las escenas más impactantes de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026.
Vonn es mucho más que una esquiadora: es una leyenda viviente del esquí alpino, un ícono de resiliencia, una competidora que hizo de la determinación su sello. Con 84 victorias en la Copa del Mundo, dos medallas olímpicas —incluido el oro en descenso en Vancouver 2010—, cuatro títulos generales de Copa del Mundo y múltiples preseas en campeonatos mundiales, su palmarés es la definición de excelencia deportiva.
A los 41 años, tras años de lesiones, cirugías y un retiro que parecía definitivo, Vonn decidió regresar para vivir un último sueño: competir en sus quintos Juegos Olímpicos. Rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda apenas días antes, pero aun así, siguió adelante. Quería convertirse en la esquiadora más veterana en lograr una medalla olímpica en descenso, un objetivo que la impulsó hasta la pista más desafiante de su vida.
El domingo 8 de febrero de 2026, durante la prueba de descenso femenino en la pista Olympia delle Tofane en Cortina d’Ampezzo, Vonn salió con determinación, sabiendo que cada curva era una batalla contra el tiempo, la física y sus propias limitaciones. Sin embargo, apenas 13 segundos después de iniciar la carrera, un pequeño error —su bastón enganchándose en una puerta— la lanzó contra la nieve a gran velocidad, provocándole una fractura compleja de tibia y obligando a su evacuación en helicóptero.
Fue un final abrupto para una de las mejores regresos en la historia del deporte, y sin duda uno de los momentos más conmovedores de estos Juegos. Pero ahí, tendida en la nieve y luego desde su recuperación, Vonn dejó otra lección: no hay arrepentimientos. “Estar en la línea de salida fue una sensación increíble que nunca olvidaré… sabía que competir tenía riesgo”, dijo, recordando que los sueños valen el intento, aunque no siempre terminen como imaginamos.
Porque eso es lo que define a Lindsey Vonn: no solo sus victorias, sino su voluntad de volver a intentarlo una y otra vez, sin importar los golpes. Desde su debut competitivo en la Copa del Mundo con apenas 16 años, hasta romper récords de longevidad y regresos desde el retiro, ella ha convertido cada desafío en una historia de superación.
Más allá del accidente que marcó el final de su participación en Milán-Cortina, el legado de Vonn ya está escrito en la historia del deporte: una atleta que compitió con pasión, que volvió cuando muchos pensaban que ya había dado todo y que entendió que la grandeza se mide tanto en triunfos como en coraje para levantarse. Su frase —el único fracaso en esta vida es no intentarlo— se convierte hoy en un himno para toda una generación de deportistas y soñadores.
Lindsey Vonn no solo dejó su marca en la nieve: la dejó en el corazón de quienes creen que el valor no se mide en medallas, sino en la forma en que te atreves a perseguir tus sueños, incluso cuando el mundo duda.
¡Abramos cancha!