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Los limpiadores

Columna David Faitelson 06-09-2016

Como en cualquier escena del crimen, hay quienes se encargan de limpiar la zona, tapar las pistas que nos puedan conducir a la verdad y a los culpables, desviar la atención y declararlo todo como un simple y mero accidente.

Ése ha sido el tratamiento que el futbol mexicano, a través de sus ‘limpiadores’, le ha dado al 0-7 ante Chile de la Copa América Centenario y fue más o menos el mismo proceder que tuvieron hace un par de años, cuando la Selección Mexicana debió afrontar un bochornoso proceso de repechaje para ir al Mundial. Dijeron y volvieron a decir que “todo fue un accidente”. Y ahora buscan refugio, consuelo y un alivio en una zona futbolística llena de desastre y de escombros. 

Encontrar un punto de medición mientras el balón rueda por las canchas de la Concacaf nunca ha sido recomendable para el futbol mexicano. Tener una medida, ya no digamos una exactitud,  afrontando a rivales de una gran pobreza y atraso deportivo no sirve de nada. El 1-3 del viernes en San Salvador y el 2-0, 1-1, 5-0 o el resultado que se obtenga este martes por la noche en el Azteca, tampoco ayudará para esa tarea.  

Sigo pensando que lo que México busca en materia futbolística está lejos de la Concacaf y cerca del sueño que en algunos momentos ha planteado, tenuemente, este futbol: la idea de acercarse a las grandes potencias, de respirar entre ellas, de provocarles un susto, de generarles una mala tarde que al mismo tiempo sea ‘la gran tarde’ que los aficionados mexicanos esperan, desde hace mucho tiempo, con tanta impaciencia. 

Yo no creo que Juan Carlos Osorio haya sido contratado para ganarle a El Salvador, a Honduras y a Canadá, o para avanzar, más adelante, en el Hexagonal Final, incluyendo los esperados duelos ante Estados Unidos y Costa Rica que suponen ser el nivel más desarrollado y competitivo del área. 

No, México suele o solía clasificarse al Mundial en un ‘vuelo de piloto automático’. Y lo que añoraba siempre es lograr el paso de calidad en eventos de clase internacional. 

El contratiempo, por no llamarle de otra forma, del 2013, la eliminatoria para el Mundial de Brasil que le significó a México clasificarse agónicamente y gracias a un tercero (Estados Unidos) y también a un cuarto (Panamá) a una recalificación mundialista, el viaje aquel, famoso, hasta Nueva Zelanda, encendió los focos rojos de quienes manejan los negocios en la Selección Mexicana, que son exactamente los mismos que manejan a todas las demás áreas.

De ahí, la atención que recibe un nuevo proceso eliminatorio, en el que ‘los dueños del balón’ no quieren tener más infortunios ni penas o preocupaciones. Quieren clasificarse de manera holgada, tranquila y como lo llegó a hacer aquel equipo de La Volpe para el Mundial del 2006, prácticamente, ‘caminando’ y ejerciendo condiciones en la Concacaf.

Pero dominar la Concacaf ‘es una receta’ que por décadas no le ha funcionado al futbol mexicano para crecer. Y de eso están conscientes la mayor parte de los actores de la Selección. 

Por ello, el 0-7 en la Copa América ante Chile duele y seguirá doliendo al interior del futbol mexicano. El evento era una manera de probarse en sus propios estadios, México era local en San Francisco, en Los Angeles, en Arizona o en Texas, y ante un nivel más desarrollado del juego, los sudamericanos, que generalmente nos superan en técnica, sistema, y temperamento en la cancha.

El 0-7 fue devastador porque ocurrió en un sitio donde el futbol mexicano quiere y sabe que puede crecer.

Hoy, hemos vuelto a la Concacaf. El sitio de las mentiras más perversas del futbol mexicano. El lugar que esconde los peores recuerdos de pobreza y de atrasos de nuestro futbol. El área que nos ata a la mediocridad y no sólo volvemos triunfantes, también, lo hacemos con ‘los limpiadores’, esos que tratan de tapar todo, de esconder las carencias, de ser parte y de cuidar el negocio, esos que no tienen memoria, ‘ni madre’, agregaría yo, y que lo remiten todo a un simple accidente.