Mandón
Después de múltiples años y múltiples laureles, decidiste partir del Club América. Tu gestión fue suprema en todas las aristas analizables, montaste una de las mejores y más eficaces revoluciones en un equipo de futbol de la era contemporánea. Te entregaron una entidad resquebrajada, sin identidad, sin rumbo y sin triunfos, y tú le proveíste cohesión, homogeneidad, destino y coronas.
Cualquier debate sobre tu poderosa injerencia y éxito, para mí, es absurdo, tus números son brutales, incluso la derrama económica tan medular para cualquier empresa fue monumental con la venta de un par de figuras americanistas.
Se cuestionó tu filiación necaxista, calladito diste cátedra dejando un omnipotente estudio sobre lo relevante que resulta ser capaz en el trabajo sin importar procedencia. Incluso, estoy cierto, deberías realizar un pequeño manual o panfleto con tus mandamientos, sería un buen sitio de consulta para quienes pretenden inmiscuirse o ya están en la gerencia deportiva. En ese escaño tan volátil estuviste siempre en control, las escasas tempestades que se asomaron en tu horizonte las resolviste con garbo.
Eres un hombre sumamente exigente, posees un rigor para las cosas nada común, eres un necio lindo, obsesivo con los detalles y en permanente búsqueda de la perfección, tan renuente ésta. No entiendes el deporte si no es mediante el ganar, eres un competidor y ganador nato, el campo de batalla es tu hábitat natural, y por fiar es tu modus vivendi.
Tuve la enorme fortuna de conocerte, primero como rival, eras realmente insoportable, no dejabas de incordiar, dirigir, fastidiabas al más calmo, pero reconozco que tenerte como oponente era desquiciante dado tu linaje triunfador. Me tocaste como antagonista en las épocas mozas de tu Necaxa, y nos trajeron de hijos siempre; tú, junto con un amplio grupo de honorables futbolistas, tanto nacionales como foráneos, se apropiaron de una era abrazados a su inverosímil esencia ganadora, y tú fuiste uno de los identificables y feroces cabecillas de aquellos extraterrestres Rayos.
Como compañeros de equipo tuvimos tres etapas: la primera en la Selección Nacional a principios de los noventa, en la que, si bien no te montaste al avión rumbo al Mundial de EUA 1994, durante tu concurso generaste una gran competencia interna entre los delanteros que ahí coincidimos. La segunda etapa fue otra vez en Selección Nacional, en el Mundial de Francia 1998, en donde luciste de manera esplendorosa, saltando desde el banquillo y ofreciendo soluciones a los galimatías en los que nos metimos ante Corea del Sur y Holanda, anotando un pirulo en cada juego.
Pude observar de mucho más cerca esa salubre necedad que te caracterizaba por ser el mejor, y lo hiciste desde la sombra, desde la suplencia, que siempre es mucho más arduo.
Y la última etapa de coincidencia, en donde pude conocerte más a profundidad, fue en nuestros años con las Chivas del Guadalajara, fuimos compañeros de cuarto, y en ese peculiar y fantástico vestidor recuerdo que nos reímos lo indecible. Vivimos momentos maravillosos amparados por el gran bigotón Ricardo ‘Tuca’ Ferretti, a quien no tienes el menor empacho en reconocer que te hizo mejor futbolista con aquellas largas jornadas de técnica individual y táctica.
Y recuerdo como si fuera ayer aquella terrorífica pretemporada en Manzanillo, en la que después de cada jornada del triple entrenamiento desparramados cada quien en su cama, tú, jodido de la rodilla y yo destrozado por no poder acabar con mediana dignidad el trabajo físico que teníamos en el campo de golf, bromeábamos con dolor de nuestra paupérrima condición, y evaluábamos el nebuloso futuro que nos quedaba junto a la pelota.
Desde que iniciaste a perseguir el balón en la era cuaternaria, pasando por los medios de comunicación, y terminando con la dirigencia deportiva, has sido un conquistador, en todas las profesiones y oficios que has ejercido has manifestado ser un personaje sobresaliente. Tú ganas, no sabes hacer otra cosa. A donde vas y en donde te paras triunfas, y eso no es casual, y como conclusión de tu extraordinaria historia como presidente deportivo del América, es que fuiste tú quien decidió partir, nadie más, esto hace aún más superlativa tu gestión.