Potro, obsesivo u objetivo
El escuchar a Oribe Peralta, quien saldrá como capitán y con la responsabilidad de ser el líder de este grupo, decir que a Brasil lo quiere en la Final para volver a vencerle, sólo te deja claro que la mentalidad de este grupo está por encima de cualquier otra cosa. La medalla no es una obsesión, sino una manera de conducirse, de apostar, de creer en el trabajo individual y colectivo. Mismo discurso fecundado en el entrenador, que lejos de volverse obsesivo, objetivo y claro en sus ideas, camina por la playa, por su habitación, por el lobby de su hotel con la misma mirada y con la misma idea; ganar para disfrutar, para disfrutar un objetivo para cumplirse con su meta y con la de su trabajo.
Hoy entrará a la cancha con su traje negro con las mismas pulseras que siempre lo acompañan y que le reflejan lo que es y lo que ha sido, los mismos lentes con los que corre, entrena y dirige que lo califican como la misma persona en escenarios distintos.
Con el mismo cruce de brazos que lo acompaña desde los banquillos, y con el mismo deseo al final del camino, colgarse la medalla olímpica.
Rubén Rodríguez también nos habla:
México en la cancha
Con la molestia e inconformidad
Si quieres leer la columna completa, adquiere tu RÉCORD en tu puesto de periódicos o suscríbete a la edición digital dando clic en la imagen de abajo.