Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

Prodigioso

Prodigioso

1. Agustín Marchesín

Eres uno de los imperiales estandartes de tu club. Junto con Oribe Peralta sostienes la bandera americanista en lo más alto a pesar de las severas espinas que en el camino se les vienen presentando. 

El América ha tenido que apelar a esa raza, a esa estirpe, a esa ferocidad que lo hace grande. Si bien este texto versa, y versará sobre ti Agustín, no puedo obviar la posibilidad de brindarle enorme mérito a tu jefe de vestidor. Tú, Ricardo La Volpe, has hecho magia, con una plantilla cercenada por las suspensiones, lesiones y un apretado presupuesto has reajustado las ideas y has puesto en pie un equipo competitivo, ordenado y solemne, que dirime una batalla a la vez, ganando varias sumamente valiosas.

Han sabido lamerse las heridas y reinventarse, ya están en posición de Liguilla y como han sufrido lo indecible se vuelven aún más peligrosos.

A un entrenador se le mide en función de las obligaciones históricas del club, el plantel que posee, y cómo maximiza su materia prima; pues bien, tú, Ricardo, nos has vuelto a confirmar que eres un genio.

No sé en qué estén pensando los jerarcas americanistas para el futuro mediato e inmediato, pero sería un absurdo no firmarte por largo tiempo, les has dejado muy en claro que en momentos de desdicha tú te adaptas y ofreces soluciones, has sido un excelso facilitador en pasajes en donde la desgracia ha sido frecuente.

Ahora sí, regreso al origen de esta columna y a tu concurso, Agustín Marchesín. En escaso tiempo has conseguido erguirte como un insigne intérprete para los tuyos.

Tu llegada al América fue una de las más turbulentas en todos los sentidos, primero por aquella declaración en donde mencionaste que nunca jugarías para este equipo, destemplanza que resolviste con elegancia al reconocer que cometiste una estupidez, que fue una declaración fuera de sitio, le bajaste los decibeles a la situación al reconocer tu yerro, tu mensaje tan natural y humano de que en la vida se vale equivocarse fue bien entendido ya que todos en alguna ocasión hemos estado en ese mismo sitio.

La otra alteración que viviste tuvo que ver con lo estrictamente deportivo, y contenía dos ángulos, tu historia en Santos Laguna, y al portero que llegabas a suplantar en Coapa, el buen Moisés Muñoz, que después de aquel gol en la Final ante Cruz Azul fue elevado a santo.

Empiezo con lo sucedido en La Comarca, en la época contemporánea Santos Laguna se ha convertido en un salubre proveedor del América, por ende el aficionado santista, sin tener por qué, ya que su club es venerable en todo sentido, se ha sentido herido, incluso traicionado; esta última palabra feroz que se utiliza sin cuidado.

Entonces cualquier futbolista que abandona Santos Laguna para irse al América es tildado de traidor, equívocamente, y mucho más en tu caso que defendiste con honorabilidad la portería santista durante cada partido.

No había duelo en donde no fueras elegido el héroe de la jornada o por lo menos estuvieras entre los mejores de tu equipo, incluso fuiste medular artífice de la última corona ante Querétaro en una de esas locas finales que sólo el futbol mexicano es capaz de regalarnos.

También estuviste inmiscuido en una polémica sobre si te ibas o no a Boca Juniors, solicitaste una renovación de contrato y no se tomó a bien, vaya paradoja, cada vez que un futbolista pretende defender sus derechos o valorar su trabajo resulta señalado.

Cuando llegas al América tenías todas las de perder, cualquier pifia sería maximizada, tu situación tenía aguijones por todos lados. Y para acabarla de joder, al inicio de tu periplo incurriste en algunos desatinos que hicieron la novela aún más sombría, pero tu gran categoría como arquero y como persona acomodarían todo en su justa dimensión, no pasó mucho para que empezarás de nuevo a ser el galán de la película.

Si bien tu equipo volaba bajo, tú te fuiste posicionando como salvador, volviste a demostrar que no eres el típico portero que ataja lo que cualquiera ataja, no; tú salvas partidos, tú gustas de ponerte el disfraz y la capa de héroe, y así lo hiciste durante varios enfrentamientos.

Hoy que la resaca parece desvanecerse estás más fortalecido que nunca ya que tú has sido uno de los causantes de la estabilidad deportiva de tu club, aspecto que lograste con tus pulcras actuaciones pero que fortalecías cada vez que podías con tus palabras, con tu perorata de total apoyo a la gestión de tu entrenador y a la buena labor de tus compañeros.

A diferencia de algunos jugadores que no gustan vincularse con los medios de comunicación, tú los aprovechaste para contar tu versión, tu parte de la historia, conseguiste una perfecta fusión de presumibles actuaciones en la portería con poderosos discursos internos y externos.

Tu grandeza quedó aún más de manifiesto ya que te enfocaste con suma inteligencia y sensibilidad a revertir un tosco entorno. Los grandes personajes como tú, sin importar a que se dediquen, son aquellos que teniendo el flujo en su contra consiguen voltear la situación sin necesidad de pisotear ni menospreciar a nadie.

Aquellos que en ocasiones tragan veneno sin merecerlo pero que no los incordia la injusticia ya que su visión va más arriba que la de los mundanos; tú eres uno de estos necesarios tipos Agustín Marchesín.

Hoy celebro que tu horizonte esté despejado y que disfrutes del proceso vivido, eres un portero de élite, y un ser humano que supo navegar en revoltosas aguas sin salpicar a nadie.