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¿Quién de México jugó mal?

Columna Rubén Rodríguez 30-06-2017

Antes de recriminar y de ajusticiar a jugadores y cuerpo técnico, hagamos un balance real, ¿quién de la Selección Mexicana jugó un mal partido? El examen resulta revelador, ya que la mayoría, o su totalidad, jugó bien, aunque es un tema de calidad y niveles. Hoy a México no le alcanza el futbol para vencer al campeón del mundo, aunque de manera consciente y sin fanatismos la generación actual tiene calidad, y con un mejor sistema, no otro técnico, un mejor conjunto y futbol colectivo el resultado sería otro. Hoy a México no le alcanzó y mucho de lo que se genera es propiciado por los que día a día valoramos y exigimos lo que no tenemos.

Inflamos el globo...

Creamos falsas esperanzas e ilusionamos con el hecho de rozarnos en buenos escenarios y con buenos equipos, pero eso no te hace igual, mejor o peor que los rivales.

Hemos señalado la poca autocrítica de Osorio, pero nosotros estábamos pensando en San Petersburgo sin jugar en Sochi. Una derrota que ubica a muchos y abre los ojos de lo que se hace bien y mal. No es un resultado para hacer escándalo, es un resultado para orientar con sentido el proceso y llegar al Mundial con armas para pelear, no para ganarlo.

El abrazo de su hijo...

El único consuelo de Osorio fue el recibir a su llegada al hotel el cobijo de su familia. Un abrazo espontáneo de su hijo que lo acompañó en la Copa Confederaciones fue lo que lo hizo partirse y de inmediato bajar la cabeza, negarse a sus comentarios a la prensa y tomar el elevador a su habitación. Dejando la cena con el grupo para otro momento y los comentarios finales para la almohada.

La sacudida fue brutal y hoy, cuando la herida estaba cerrada, se abre una nueva, aunque con las dudas de poder hacerlo mejor.

Vela, sin aspavientos...

Al final del juego el tema de Carlos Vela es el pretexto perfecto para acuchillar. Estoy seguro de que hubiera ayudado tu mejor hombre, pero con o sin, el resultado no cambiaría. A su llegada a la concentración se le vio mesurado, tranquilo, sin aspaviento. Tal vez con la molestia interna, pero no exhibiéndola. Hubo otros que realmente estaban molestos y no lo ocultaron, el rostro era largo y encajado.