Sarah Schleper y Lasse Gaxiola: cuando el sueño olímpico se hereda de madre a hijo
"La familia que compite junta, permanece unida". Nunca una frase fue tan literal y emotiva como en el caso de Sarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola, la primera pareja de madre e hijo en competir por México en unos Juegos Olímpicos de Invierno, justo en Milán-Cortina 2026. Su historia no solo es una hazaña deportiva, es una inspiración para todo aquel que ha soñado con romper barreras, desafiar expectativas y transformar el camino propio en ejemplo para otros.
La carrera de Sarah Schleper es un testimonio de perseverancia. Nacida en Estados Unidos, compitió en seis Juegos Olímpicos bajo su bandera original (de 1998 a 2014) y ganó múltiples medallas en la Copa del Mundo de esquí en modalidad alpina, consolidándose como una de las figuras más respetadas del circuito mundial. En 2014 decidió representar a México, país de origen de su familia por parte de esposo, y no solo abrió una nueva etapa en su carrera, sino que se convirtió en referente del deporte femenino en Latinoamérica. Su clasificación a Milán-Cortina 2026 no fue una sorpresa: fue la culminación de años de disciplina, entrega y amor por el esquí.
Lasse Gaxiola, por su parte, es la nueva generación que recoge el testigo —literalmente— y lo lleva con orgullo. Con apenas 22 años, Lasse se ha formado en competencias internacionales, ha enfrentado circuitos exigentes y ha encontrado en su madre tanto guía como compañera de pista. Su participación en estos Juegos Olímpicos marca un momento histórico: no solo representa a México en el esquí alpino, sino que lo hace a lado de la mujer que primero le enseñó a deslizarse en la nieve, que le inculcó el valor de la competencia y la paciencia del entrenamiento.
Juntos, Sarah y Lasse representan una historia que va más allá del tiempo que marca el cronómetro. Representan la continuidad, la transmisión de valores y la certeza de que los sueños no tienen fecha de caducidad. En una era donde la mayoría de los atletas sueñan con estar en unos Juegos Olímpicos una vez en su vida, ellos lo hacen a la vez, enfrentando montañas, descensos y gigantes del deporte con el mismo espíritu, el mismo coraje y la misma convicción.
Las estadísticas de Sarah no solo hablan de longevidad, sino de consistencia: más de 100 competencias en la Copa del Mundo, múltiples Top 10 en eventos internacionales y una carrera que se extiende por más de dos décadas con resultados relevantes. Para Lasse, sus resultados temprano en circuitos europeos y norteamericanos le dieron el pase a sus primeros Juegos, marcando el inicio de una trayectoria propia que ya lleva el sello de la familia y de México.
Pero más allá del número de competencias o posiciones, lo que destaca en esta historia es el carácter humano. La imagen de madre e hijo entrenando juntos, preparándose para una competencia de élite, compartiendo la ansiedad de la víspera olímpica y la satisfacción del esfuerzo cumplido, es un recordatorio de que el deporte es también una forma de vida, un puente entre generaciones, una manera de construir relatos que trascienden méritos individuales.
En un mundo donde con frecuencia las historias de alto rendimiento se cuentan en solitario, Sarah y Lasse nos ofrecen una historia de equipo, de complicidad, de familia. Su presencia en estos Juegos Olímpicos de Invierno 2026 no solo enorgullece a México: emociona a todos aquellos que alguna vez han soñado con compartir un momento importante con quienes más aman.
¡Abramos cancha!