Atlético se hunde en el Metropolitano tras dejarse remontar ante el Bodo/Glimt
El Atlético de Madrid necesitaba una noche grande. Una victoria contundente, una goleada que asegurase el billete directo al Top-8 y evitase el peaje de la ronda extra. Pero el fútbol, implacable, tenía otros planes. Porque el Metropolitano vivió una de esas noches europeas que empiezan con esperanza y terminan en decepción. El Atlético no solo no ganó: se dejó remontar ante un Bodo/Glimt valiente y descarado para caer 1-2, descender hasta la decimocuarta posición y verse obligado a jugar los dieciseisavos en Champions League.
Un golpe seco. De esos que duelen más por cómo suceden. El susto inicial: el Bodo no vino a defenderse No era el rival ideal para buscar una goleada. El Bodo/Glimt lo dejó claro desde el primer minuto. Los noruegos, que ya habían asombrado con su repaso al Manchester City, salieron al Metropolitano sin complejos.
En apenas tres minutos, Giménez salvó bajo palos un gol cantado tras una triangulación perfecta que terminó con una vaselina sobre Oblak. Y un minuto después, Gogh tuvo el 0-1 en un mano a mano clarísimo, provocado por un regalo incomprensible de Koke. El Atlético se llevó un aviso serio: esto no iba a ser sencillo. Sorloth enciende la ilusión… y aparece la polémica Pero el Atlético es mucho Atlético. Le costó despertar, pero cuando lo hizo encontró oxígeno en el juego aéreo y en un Sorloth imperial.
Primero perdonó una ocasión clarísima que salvó el portero sobre la línea. Pero a la segunda no falló: centro de Hancko desde la izquierda y cabezazo ajustado del noruego al palo. 1-0 y el estadio volvió a creer. Antes ya había marcado Baena, pero el colegiado anuló el tanto por un fuera de juego milimétrico. Y entonces llegó el momento más surrealista de la noche. En el 18’, Baena remató un rechace que tocó en un defensor. El árbitro señaló gol… pero rectificó al instante para conceder córner.
Mientras los noruegos protestaban, Julián Álvarez sacó rápido y marcó un gol olímpico, el 2-0. El Metropolitano estalló. Pero el colegiado lo anuló en una decisión tan incomprensible como devastadora. El Atlético pasó del posible 2-0… al golpe emocional.
Del perdón al castigo: Sjovold empata en la primera que tiene Perdonó el Atlético. Varias veces. Nico González tuvo ocasiones clarísimas. Julián también. Barrios estrelló un balón en el larguero en el añadido. Pero el fútbol europeo no perdona. En una jugada aislada, el Bodo encontró el empate. Sjovold remató solo desde el punto de penalti y silenció el estadio. 1-1 al descanso, un resultado que ya era una condena parcial.
Segunda parte: impotencia rojiblanca y remontada noruega Si la primera mitad fue frustrante, la segunda comenzó todavía peor. El Atlético entró frío, sin ritmo, sin energía. Y el Bodo olió sangre. En una jugada embarullada, el conjunto noruego remató hasta cuatro veces dentro del área pequeña. Oblak salvó una con la cara. Pero a la cuarta, Høgh no perdonó. 1-2. Remontada completada.
El Atlético se volcó entonces en ataque con más corazón que claridad. Sorloth tuvo varias, pero Khaikin se hizo enorme. Almada rozó el empate, pero la suerte tampoco apareció. Julián lo intentó con un disparo a la escuadra… sin éxito. La Araña no pudo picar.
El Atlético, condenado a la ronda extra
El pitido final dejó una imagen amarga: un Atlético impotente, frustrado, castigado por la falta de acierto y por una polémica arbitral que pesará mucho en la memoria rojiblanca. De soñar con el Top-8 a caer hasta el puesto 14. Ahora, Simeone deberá remangarse: el Atlético jugará la ronda extra y se medirá a Brujas o Galatasaray en dieciseisavos. Europa vuelve a exigirle una vida más.