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Real Madrid cae ante Benfica: Mourinho firma una noche imperial en Da Luz con gol de su portero

Mourinho firma una noche imperial en Da Luz: Benfica 4-2 Real Madrid I AP
Ambos equipos se volverán a ver las caras por el pase a los 8vos de Final

Da Luz fue escenario de una de esas noches europeas que quedan marcadas a fuego. De esas en las que un equipo se hace gigante y otro se desmorona sin remedio. El Benfica de José Mourinho pasó por encima del Real Madrid con un contundente 4-2, en un partido que fue mucho más que un resultado: fue un repaso, una lección y una exhibición de autoridad del técnico portugués ante un Madrid perdido, blando y desorientado. Porque esta no fue solo una victoria del Benfica. Fue, sobre todo, una victoria de The Special One.

Desde que rodó el balón, el plan fue evidente. Presión, intensidad, duelos al límite, ritmo asfixiante. Un Benfica con sello clásico, reconocible, competitivo. El Real Madrid no podía ni respirar. Pavlidis avisó pronto, Courtois salvó el primero, y el estadio empujaba como en las grandes noches. Mourinho, en su zona técnica, parecía dirigir una orquesta: cada robo encendía Da Luz, cada transición desnudaba las carencias blancas. El Madrid, mientras tanto, caminaba. Sin alma.

En el minuto 29, cuando el Benfica había sido muy superior, Mbappé inventó el fútbol que no tenía su equipo. Primera ocasión clara, primer gol. El Madrid se ponía por delante sin merecerlo. Pero Mourinho no pestañeó. Su Benfica siguió insistiendo, mordiendo, creciendo. Y el premio llegó pronto: Schjelderup empató en el 35’ y el partido volvió a su cauce natural. Da Luz rugía. Y Mourinho sonreía.

El encuentro se fue calentando y justo antes del intermedio llegó la jugada discutida: penalti sobre Otamendi. Protestas, dudas, tensión… pero Pavlidis no falló. Gol en el 45+5. Remontada. Justicia. Y un Madrid que se marchaba al vestuario sin entender nada, como resumían desde la radio:

Mbappé no pudo hacer nada I AP

Tras el descanso, lo del Real Madrid fue directamente un naufragio. Y lo del Benfica, una exhibición. En apenas minutos, el equipo de Mourinho destrozó a su rival: 3-1 de Schjelderup (53’). Un Madrid sin reacción, sin balón, sin carácter Mbappé volvió a aparecer como única chispa, marcando el 3-2 en el 57’. Pero fue un espejismo. Un destello aislado en medio del caos. El Benfica pudo hacer más. Perdonó ocasiones, dominó cada duelo, manejó los tiempos. Mourinho, desde la banda, dirigía el partido como un maestro veterano.

El Madrid, desesperado, acabó roto. Y en el añadido llegó la imagen que resumió la noche: gol de Trubin, el portero, para el 4-2 definitivo. Da Luz fue una fiesta total. El Real Madrid, una desolación. Arbeloa, abatido, terminó incluso aplaudiendo a Mourinho, su mentor, su verdugo.