Del "intento", a la verdadera agresión
¿Se debe permitir que un futbolista le dé un cabezazo al árbitro, sin castigarlo como debe ser? No. Lo triste es que en un país donde la autoridad es pisoteada en todas sus formas, un deporte tan popular como el futbol debe ser un ejemplo para la juventud y no lo es. Un ejemplo para evitar a toda costa la impunidad, el compadrazgo y no aplicación de reglamentos, y no lo es. Tras el regaño de los dueños, estos incompetentes ejecutivos se bajaron los pantalones y trataron de componer las cosas para solamente quedar en otro ridículo.
Y todo este capítulo se pudo evitar si los directivos hubieran estado a la altura de sus cargos y sancionado conforme al reglamento. Pero no, se la jugaron con la soberbia que les caracteriza y llevaron esto hasta la última instancia. Bueno, no fueron ellos, fueron los árbitros, quienes los arrastraron hasta reconocer la serie de errores por los que en parte se detuvo el balompié en México.
Ahora resulta que en la cédula de Fernando Hernández después del cabezazo de Pablo Aguilar, sí estaba la palabra agresión. Ni intento de agresión ni ninguna otra cosa. Agresión. Entonces hubo un mal juicio por parte de la Disciplinaria, porque pensaron que no pasaría nada, que tendrían todo controlado en relación a los árbitros y ahí volvieron a fallar. Entonces sí hubo una violación a la cédula, aunque nos la quieren vender de una interpretación errónea. No terminan de ser claros y se contradicen. Y entre ellos mismos tratan de arreglar su cochinero porque aunque digan lo contrario, ni la Comisión de Arbitraje ni la Disciplinaria ni la de Apelaciones son independientes a la Federación Mexicana de Futbol.
Insisto. No se puede solapar que si un árbitro escribió “agresión” en el apartado de incidentes de la cédula a su cargo, llegue ésta a la Federación Mexicana de Futbol y se aparezca “intento de agresión”. Ésa es la parte medular de un problema que se pudo evitar con la aplicación correcta, imponiendo el castigo de acuerdo al reglamento. Pero no, ese espectacular vicio de tratar de quedar bien con el patrón pisoteando a la autoridad, es enseñar que el camino es actuar en contra del estado del orden, desacreditar a sus propias instituciones y faltarse al respeto entre ellos. Pésimo ejemplo, porque además aquí se puede sumar la arrogancia, de unos y de otros.
No existe la autocrítica en el futbol mexicano. La actitud mostrada por Aguilar y Triverio ante una autoridad debería ser reprobada por sus propias directivas, no intentar defender a costa de lo que sea a futbolistas que claramente agredieron a un árbitro, que sean malos, buenos, regulares, gordos, flacos, simpáticos o antipáticos, son la máxima autoridad en el deporte y la obligación del futbolista es respetarlo, aunque al propio director de la Comisión de Arbitraje eso no lo considere así, que no trabajó ni para el gremio ni para sus jefes. Simplemente minimizó el asunto al grado que se vino el paro de silbantes gracias a él y sus absurdas ideas de que aquí no pasaba nada.
También pierden los árbitros, porque es un gremio que no hace otra cosa más que chantajear, extorsionar si es necesario en caso de que no estén de acuerdo con algo. Claro que tienen razón por estar ofendidos por la manipulación de una cédula que debe ser inviolable, pero hay maneras menos radicales, formas dentro de la decencia de manifestar un desacuerdo. Eso que hicieron el domingo por la noche de establecer una revisión al caso, lo debieron hacer sin chantajes corrientes y no parar la Liga. Claro que la coyuntura de un estadio vacío les dio valor, claro que hoy lo que les conviene a unos, mañana se traicionarán y volverán a pelear. Así pasó cuando obligaron a la Federación a contratar a Edgardo Codesal, así pasó cuando obligaron a la Federación a despedir a Edgardo Codesal. Hoy me sirves, mañana te tiro a la basura.
Claro que en el futbol profesional se trata de ganar, pero también se debe tratar de reconocer y cuando un futbolista se equivoca, en vez de arroparlo en su violación al reglamento, que pague las consecuencias de sus actos. No creo que en un equipo de futbol, sea el que sea, aceptar ganar con trampas, agresiones, violaciones al reglamento, sea parte de la filosofía. Si es así, nada deben estar haciendo en el deporte, no merecen ser profesionales.
Y para los silbantes, antes de hacer sus actos de extorsión, lean los reglamentos del lugar donde trabajan, porque todo se pudo solucionar si antes del paro, el sentido común les hubiera entrado a la cabeza.