La mente en la cancha: "Pensemos sólo en el jugador"
El partido de este fin de semana de la Selección Mexicana frente a Portugal nos deja muchos aprendizajes.
Sabemos que fue una pesadilla el ingreso y la salida del estadio para los aficionados. En las primeras filas la vista era nula. Escuchamos el grito homofóbico incluso hacia nuestro portero Raúl 'Tala' Rangel y se corearon los olés, pero a favor del equipo rival.
Entendemos que hay una frustración colectiva; son muy diversas las causas: malestar con la logística, enojo con la Federación Mexicana, con el estilo del técnico o con la racha de malos resultados. Nos faltan referentes en la Selección que levanten la voz, que nos den identidad o que nos hagan sentir orgullosos. Son diversas las posibles causas de este distanciamiento de la afición.
Estamos a 73 días del Mundial, ¿cuál es la propuesta para apoyar a nuestra Selección Mexicana? Pensemos sólo en el jugador. Así es, retomemos el apoyo pensando en que hay un joven mexicano que también ha experimentado muchos retos para conseguir su lugar, un joven que ha soñado con llegar a un Mundial. Un joven que quiere dar lo mejor de sí mismo para poner en alto el nombre de su país.
¿Qué le toca hacer al jugador número 12? Procesar la frustración, distinguir los problemas logísticos y los generados por los liderazgos por temas fuera de la cancha y brindar el apoyo que requiere el seleccionado.
Si lo observamos desde el contexto de los mexicanos, el grito homofóbico y los abucheos no son casualidad, sino la suma de factores emocionales, sociales y de identidad.
Identifiquemos algunas posibles explicaciones a estas reacciones desde la perspectiva psicológica.
1. Descarga emocional colectiva.
El estadio se convierte en un espacio en donde el aficionado libera tensión acumulada. El grito aparece como una válvula de escape, es potente y genera una sensación de pertenencia inmediata. Digamos que reduce el estrés, pero lo hace a través de una conducta negativa aprendida.
2. Normalización cultural.
Durante años, el grito se volvió parte del "folklore futbolero", los aficionados no lo perciben como algo que influya negativamente.
3. Despersonalización del rival (o del propio jugador).
Inmerso en la masa, el aficionado deja de ver al portero como persona y lo convierte en símbolo del rival o incluso en blanco de frustración cuando es de su propio equipo. Este fenómeno se da solo en el contexto colectivo, estas conductas no aparecerían comúnmente en lo individual.
4. Frustración y expectativa.
Cuando el equipo no rinde como se espera, el aficionado siente una especie de "traición emocional" y el abucheo se vuelve una forma de castigo que es contraproducente.
5. Identidad y pertenencia.
El grito también refuerza identidad grupal: "somos los que hacemos esto". Cambiarlo implica perder una referencia comunitaria y simbólica, lo cual genera resistencia.
El efecto que esto tiene en los jugadores es que disminuye la confianza, aumenta la ansiedad en la ejecución, reduce el foco para tener una toma de decisiones efectiva y provoca un aumento en los errores. El abucheo no motiva, bloquea.
¿Cuáles son las alternativas positivas?
1. Sustituir el grito por acciones que den una identidad positiva.
Cantos de apoyo continuo, porras originales y creativas; el estadio debe intimidar al rival, pero sin insultar.
2. Convertir la frustración en empuje y aplausos en momentos clave.
Incrementar el volumen de apoyo generando un "momentum emocional" en el que el jugador sienta el respaldo sin juicio. Aplaudir cuando se recupera un balón, después de un error, cuando nos acercamos en el ataque o hay un esfuerzo defensivo efectivo. Es importante reforzar las conductas correctas.
3. Educación emocional del aficionado.
Seguir desarrollando en el espectador la conciencia de que el jugador no falla por falta de ganas y que el error es parte del alto rendimiento. Esto nos hará cambiar la narrativa de crítica a acompañamiento.
Estimados lectoras y lectores, los invito a procesar todo lo que nos afecta, frustra y aleja de nuestra Selección Mexicana. Debemos proponer un cambio porque estas actitudes afectan directamente el rendimiento. Un equipo respaldado juega con mayor libertad, creatividad y valentía. Debemos de volver a ser ese jugador 12 que impulsa, apoya y potencia. El verdadero aficionado no es el que exige cuando todo va bien, sino el que sostiene cuando el jugador está en duda.
Pensemos en esos jóvenes que entran a la cancha con todo lo que tienen y promovamos el apoyo absoluto e incondicional; es lo que nos toca hacer. Ahí es donde se construyen los equipos grandes.
"Revitalízate, vuelve a la esencia de lo que te da el éxito".
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