Aaron Rodgers encara el cierre de la temporada regular de la NFL con un panorama claro y sin margen de error: ganar o quedar eliminado. El quarterback de los Pittsburgh Steelers concentra toda su atención en el duelo de la Semana 18 ante los Baltimore Ravens, un partido que definirá el futuro inmediato del equipo y que también podría marcar un punto de inflexión en la recta final de su carrera profesional.
En la antesala del compromiso, Rodgers evitó adelantar decisiones sobre su futuro más allá de este domingo. El mariscal de campo reconoció que su contrato con Pittsburgh es únicamente por una temporada y que, una vez concluido el calendario regular, se convertirá en agente libre, aunque insistió en que cualquier reflexión personal deberá esperar a que termine la campaña.

“Estoy pensando en esta semana, pero obviamente tengo 42 años y un contrato de un año”, declaró Rodgers a los medios. “Cuando termine la temporada, seré agente libre. Eso me dará muchas opciones si aún quiero jugar. Bueno, no muchas, pero creo que habrá una o dos si decido que aún quiero jugar”, añadió, dejando claro que su prioridad inmediata es mantener con vida a los Steelers en la lucha por la postemporada.
El quarterback explicó que, una vez finalizada la temporada, evaluará sus alternativas en caso de decidir continuar su carrera. Aceptó que, por su edad, el abanico de opciones será reducido, aunque no descartó que existan uno o dos escenarios viables. Pese a la incertidumbre, Rodgers se mostró satisfecho por su paso por Pittsburgh, destacando el trato recibido y la experiencia de compartir vestidor con jugadores y entrenadores que ya considera parte de su círculo cercano.

Previo al arranque del año, Rodgers había dejado abierta la posibilidad de que la temporada 2025 fuera la última de su trayectoria en la NFL. Ese contexto influyó en su decisión de firmar un contrato de corta duración, con la intención de cerrar su carrera en una franquicia histórica y acostumbrada a competir de manera constante por puestos de playoffs.
A lo largo de la campaña, el veterano mariscal de campo resaltó la influencia del entrenador en jefe Mike Tomlin y del cuerpo técnico ofensivo. También reconoció que, al tratarse de su primer año dentro del sistema, existieron ajustes naturales y que la continuidad suele traducirse en un mejor rendimiento colectivo, tanto en la ejecución como en la toma de decisiones.

Desde su llegada a Pittsburgh, Rodgers condujo a los Steelers a una marca de 9-7, manteniéndolos en la pelea por el título de la AFC Norte hasta la última semana. En el plano individual, superó las tres mil yardas por pase, lanzó 23 anotaciones y apenas siete intercepciones, además de completar poco más del 65 por ciento de sus envíos, números que respaldan su impacto dentro del equipo.
El cierre de la temporada se complicó tras la derrota ante Cleveland en la Semana 17, un partido en el que Rodgers jugó sin DK Metcalf y registró cifras por debajo de su promedio. Aun así, el quarterback aseguró que un mal encuentro no modifica su enfoque y que mantiene el mismo proceso de preparación de cara al duelo decisivo ante Baltimore, consciente de que el destino de los Steelers —y quizá el suyo— se define en los próximos 60 minutos.
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