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Diego Armando Maradona: palabra de D10S

Diego Armando Maradona en 1986 | MEXSPORT
El Pelusa cambió para siempre la historia del futbol, ¿o el futbol cambió para siempre a D10S

"Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha", 10 de noviembre de 2001, palabra de D10S. 

Un pequeño balón. Calcetas enrolladas. Una naranja. Un periódico aplastado. Un trapo. Cualquier cosa era suficiente para que el primer hijo varón entre Diego Maradona y Dalma Salvadora comenzara a deleitar a todos con su facilidad para manejar la bola. Primero los pies; luego las rodillas y muslos; después la cabeza con esa "mata" tan característica, 'El Pelusa' dio sus primeros destellos de calidad en el sur de Argentina, en el ya famoso -pero en ese tiempo olvidado- barrio de Villa Fiorito.

Como todo buen futbolista latinoamericano, o por lo menos el arquetipo que se forjó el siglo pasado, Diego y la pobreza estuvieron siempre de la mano. Su mamá, a la cual llamaban con cariño como 'Tota', muchas veces se fue a la cama argumentando un dolor de estómago para no cenar, pero en realidad, como buena madre procuró siempre el alimento de sus hijos. Aquellas primeras muestras de cariño incondicional que recibió Maradona fueron parte fundamental en su formación, dar antes que recibir, algo que se convirtió clave en el club Cebollitas.

Diego Armando Maradona con Argentina | MEXSPORT

Con tan sólo 10 años, Diego Armando fue a probar suerte al club Argentinos Juniors, junto a su amigo y cómplice en Villa Fiorito, Goyo Carrizo. Los altos mandos quedaron impresionados por su talento, visión, control y demás adjetivos que acompañaron a Maradona durante su carrera; sin embargo, en aquellos años, sólo los futbolistas mayores de 14 años podían formar parte de un equipo oficial, por lo que El Pelusa comenzó su historia en el ya mencionado Cebollitas.

En la filial del Bicho, Maradona y sus compañeros lograron estar 136 partidos sin perder y poco a poco la fama de ese equipo amateur fue in crescendo. Uno de los momentos clave en su carrera fue el Campeonato Evita de 1973 (torneos municipales de Mar del Plata), en el que derrotó a una filial de River Plate con marcador de 5-4; anotó dos goles en dicho partido.

Diego Armando Maradona | AFP

El debut de Diego en Primera y sus primeros pasos como ídolo

Tres años después de aquel torneo, el mito en Primera División nació. Aún no se sabe si fue el destino, los astros, los dioses o simplemente la necesidad de un nuevo ídolo lo que obligaron a Argentinos Juniors a sacar a ese joven con cabello chino de la filial al primer equipo, quien con una rebeldía que lo caracterizó siempre, dio su primera faena como si de un torero matador se tratase. Aquel miércoles 20 de octubre de 1976, con el apoyo de sus padres en las gradas del Viejo Estadio de la Paternal (ahora Diego Armando Maradona), un joven conocido como 'Pelusa' entró de cambió con tan sólo 15 años en el segundo tiempo en el partido ante Barracas Central.

Juan Carlos Montes fue el hombre encargado de debutar a Maradona en Primera División, con un apoyo que el astro comentó en su libro "Yo soy el Diego". "Vaya, Diego, juegue como usted sabe… Y si puede, tire un caño", fueron las palabras que recitó el estratega del Bico al joven Maradona, que saltó al campo con una playera roja y una franja blanca que cruzaba todo el uniforme; entró a la cancha con el número 16 y le hizo un túnel a Juan Domingo Patricio Cabrera.

Diego Armando Maradona con Boca Juniors | MEXSPORT

La historia de Diego es extensa, muy larga, además que es una tragedia del ascenso y el descenso del ídolo, pero también el recuerdo recurrente de los pecados de cualquier ser humano. Esa etapa siendo un juvenil no se le puede reprochar nada a un joven que, con tan solo 16 años, anotó sus primeros dos goles en el Campeonato Argentino a San Lorenzo. Además, Maradona dio el primer paso para después dar su más grande sueño: su convocatoria con la Albiceleste.

El hombre que le dio su primera convocatoria con la mayor no podía ser otro que César Luis Menotti, que más que un entrenador, era un un pensador y filósofo de algo más que sólo la pelota. 'El Flaco' le tuvo la confianza y lo llevó a un amistoso en febrero del 77 ante Hungría, en un lugar que se terminó por convertir en uno de los templos preferidos del Diego: La Bombonera. Leopoldo Luque fue quien le cedió su lugar a un chico que, como buen joven, ya tenía otras pasiones, como lo fue su amada Claudia.

Con los éxitos y demás, la pelota no fue el único amor de Diego, pues en ese mismo año de debut conoció a Claudia Villafañe. El click entre ambos fue instantáneo, pero como un Dios caído, Maradona le falló muchas veces. Pero sigamos con el ámbito deportivo antes de enumerar los pecados del hombre, quien vivió años de locura del 76’ al 81’, un lustro que Argentina nunca olvidará.

Maradona y Menotti | AFP

Primero fue "traicionado" por Menotti, quien no lo llevó al Mundial del 78 -que terminó por ser para Argentina- y Maradona aseguró que nunca lo iba a perdonar por eso. El año siguiente fue su consagración con el equipo juvenil de la Albiceleste en 1979, en el país del sol naciente. Ahí, Diego y una generación dorada derrotaron a la Unión Soviética y se consagraron Campeones del Mundo.

Pero fue 1981 el gran año de D10S, cuando regresó a ese primer templo que Menotti le presentó en febrero del 77, pero ahora como jugador y portando la casaca Xeneize con la 10 en la espalda. Ese amor, como los mejores, fue efímero, pues La Rambla llamó y el argentino no hizo caso omiso al llamado, pero el recibimiento y la aventura en España no fue del todo agradable.

Maradona y el amor europeo

Fue ahí donde el Dios más humano comenzó a caer, en un lugar que creció en vida nocturna después del adiós de Franco. Maradona tuvo todo para triunfar en Barcelona, pues con Menotti en el banquillo nada podía salir mal, o eso es lo que los aficionados catalanes repitieron una y otra vez. 

Diego Armando Maradona en Barcelona | AFP

Pero en palabras del propio Maradona, la etapa en Cataluña fue de frustración. En Barcelona, pese a que siempre salió derrochando la misma magia que lo caracterizó en todos lados, nunca se pudo adaptar y recibió una cantidad de patadas inimaginables, como la que le propició Andoni Goikoetxea en un partido de LaLiga

Como buena historia, ese drama lo comenzó a invadir, pero la resurrección llegó en un lugar muy parecido a Villa Fiorito en 1984. Nápoles le dio una cálida bienvenida que Maradona no entendió, pero poco tiempo después explicó que esa sanción que le causó el sur de Italia, solo fue comparable a lo que vivió en su natal Argentina. "Claudia, mirá, me tiemblan las piernas. Son un equipo de la B, vienen de salvarse del descenso por un punto y me recibieron creyendo que podemos ser campeones".

Nadie en este mundo, ni siquiera el más conocedor del futbol, puede mencionar a un jugador que haya compartido vestidor con Maradona en Nápoles -tal vez solo a Careca- por lo que su figura es aún más grande. Ese renacer futbolístico de Diego fue divino, al tercer año, según las escrituras.

La historia la conoce todo mundo ya: el Mundial de México que lo llevó a ser la máxima divinidad argentina; los dos Scudettos con el Napoli y la Copa de la UEFA con el mismo equipo; la derrota en Italia 1990 y ese grito desde el alma durante el himno argentino "hijos de puta". Todo eso fue apenas la caída.

Diego Armando Maradona en Italia 90 | MEXSPORT

Enumerar sus errores es más complicado que sus aciertos; pecó y oró; perdonó y lo perdonaron; se amigó y se enemistó con todos; pero la palabra que define a Maradona -a mi parecer- es auténtico. El tipo hizo lo que quiso y cuando quiso, fue libre y amó a todos los que tuvo a su alrededor, pero también les falló. 

Muchos lo critican, pero como dijo Manu Chao en "La Vida Tómbola": "Si yo fuera Maradona, viviría como él". La autenticidad del Pelusa se vio precisamente en ese partido ante los ingleses en la cancha del Estadio Azteca, cuando anotó los dos goles que pueden ser los más emblemáticos de la historia del futbol. El primero, una audacia o una trampa absoluta, lo que refleja su gran capacidad para mentir y engañar, en el juego que siempre dijo amar; pero el segundo, refleja por siempre su capacidad, fortaleza, gambeta, y muchos adjetivos que se quedan cortos.

"No sé con qué pagarles. Yo traté de ser feliz jugando al futbol y hacerlos felices a todos ustedes. Esto es demasiado para una persona, para un jugador de futbol. Les agradezco con mi corazón. Esperé tanto este partido y ya se terminó. Ojalá que no se termine nunca este amor que siento por el futbol y el amor que me tienen. El futbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el futbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha. Gracias a este templo", te adoramos, señor. Amén.

Diego tras ser Campeón en México 1986 | MEXSPORT